LOST IN TRANSLATION
Lost in translationfue mi película favorita del (2003) Se me quedo grabada a fuego en el alma, se convirtió de manera inevitable en la película de mi vida de ese momento. Quizas porque es un canto a la amistad a la soledad y a la esperanza de amar y ser amado. Una obra maestra donde los silencios, las miradas y las sonrisas cobran sentido para definir la palabra melancolía. Y que en muchos instantes queda claro que un silencio puede decir mucho más que las palabras. Como bien expresa la critica maravillosa de un critico (sergi Sánchez): ” Lost in Translation plantea un retorno a los orígenes –el silencio, nada histriónico, de los melodramas de los años veinte; las miradas sin futuro de un hombre y una mujer en una estación de tren en Breve encuentro– para reflexionar sobre la condición humana a través de la complicidad y el inmenso cariño que nacen entre dos seres alienados la de los momentos únicos. (...). Lost in Translation es una amarga comedia sobre la imposibilidad amorosa que reivindica la existencia del amor, un amor que se manifiesta a través de gestos y caricias y palabras no dichas que conocen con precisión su fecha de caducidad. (...) Coppola enmarca casi siempre a estos dos personajes en un plano general que nos comunica una sensación de pérdida y vacío. No hay distancia sino respeto: la callada angustia de ambos se desarrolla entre el insomnio y las moquetas, entre llamadas telefónicas desesperadas y faxes que escupen preguntas decorativas. Mientras tanto, la vida en Tokyo sigue su curso: los anuncios absurdos (mítico el rodaje del spot del whisky, con un apoteósico Bill Murray, en el papel de su vida), los karaokes improvisados, las alarmas de incendios, las cenas con gente a la que detestamos, las conversaciones en una cama cuya intimidad no tiene nada que ver con el sexo. La magnitud de su sutileza es inabarcable, y cuando parece que va a caer en saco roto, en ese agujero de calcetín de los finales felices, remonta el vuelo y nos deja con el cuerpo encogido de los amantes abandonados.(...) Es una película sobre la melancolía. No se proyecta, levita sobre la pantalla, y cuando termina, el poso de tristeza que deja es tan incontestable como el del precioso final de Esplendor en la hierba, melodrama sobre el desencuentro sentimental que también transmitía ese sentido trágico de la vida en un último gesto, un poema de Wordsworth derretido sobre nuestros corazones.”



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